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LUNATICS: NOS ALUNIZA NOS VUELVE LOCOS LA LUNA

lunes, 9 de mayo de 2011

"Ningún hombre me poseyó tanto como tú", Edith Piaf


Qué hombre no querría escuchar estas palabras, leerlas al menos. Yo he sabido de este tipo de amores, todos lo anhelan, algunos lo han vivido/sufrido. Porque estos amores, de esos niveles de fuego, con esos arranques, con maldiciones y bendiciones, embrujos y hechizos y caídas a la realidad irreparables son sufrimiento. Son anhelo, son esperanza y son una desilusión constante. Como si uno gustara de sufrir, como si el amor, el más enfurecido y arrebatador y hambriento, fuese ese que no se deja atrapar.

Y lo negamos, y lo racionalizamos, pero quien no lo ha vivido anhela caer en el yugo de ese amor cruel y despiadado. Así vivió ese amor secreto por un más o menos un año, la gran Edith Piaf.

Ya había salido un libro con sus misivas, pero estas se sienten en un grito desesperado de deseo que hacen temblar. El depositario de esos deseos fue un atleta, Louis Gerardin, campeón de ciclismo de persecución.

Piaf amaba "sus hermosos muslos y lindas nalgas", ella era tan encendida, tan pira, tan volcana que el campeón sucumbía y llegó a confesar que cuarenta y ocho horas con Edith era más agotador que competir en el Tour de Francia."

Ella le escribió: "Esto es lo que me gustaría antes de partir a Estados Unidos. Estar tan agotada, tan llena de amor, que no pueda hacer el amor durante meses, sino esperar mi maravilloso regreso para estar contigo de nuevo como tu perrita mascota". Si esto no es estar en llamas, no sé qué sea entonces.

Esos amores que nos extinguen pero que siempre dejan una llama por ahi aguardando para prenderse de nuevo y acabar con nosotros.

Me llegó tanto esto que escribe la Piaf que casi se me rueda una lágrima. Esos amores que ya no, pero que se anhelan tanto, tal vez porque sea nuestro único asidero a esa realidad tan inasible, a esa unión tan terriblemente maravillosa que es estar con quien adoras.

Pero, también de acuerdo con su amante, esos amores de persecución son agotadores. Se cansa uno de correr tras, se cansa uno de estar siempre en competencia. Entonces, ya sin fuerza alguna, ese amor se desvanece poco a poco en el tiempo y es ya demasiado tarde para rescatarlo.

Piaf cierra, "Ningún hombre me poseyó tanto como tú...te ammmmmmmmmmmmmmmmmo".

Tengo que leer ese libro completo. A ver si se desaprende algo.

1 comentario:

  1. Gracias a la información de John Lichfield de The Independent y a La Jornada. sábado, 7 de mayo de 2011.

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